Inicio El contexto y nuestra psiquis El miedo y su relación con la soledad

El miedo y su relación con la soledad

por mfbarrionuevo
0 comentario

El miedo al igual que el resto de las emociones básicas, como la alegría, la tristeza, la ira y el asco, son parte del bagaje ancestral que traemos para adaptarnos y vivir en diferentes tiempos y contextos.

Aunque cuando las nombramos, a todos se nos activa una imagen o vivencia distinta, es poco lo que sabemos de ellas y muchos los beneficios que tendríamos si supiéramos cómo aceptarlas y sobre todo cómo controlarlas, porque tienen una enorme influencia sobre la toma de decisiones y, por lo tanto, sobre nuestra calidad de vida.

Ahora es importante que reflexionemos sobre la emoción del miedo, ya que parece ser, junto con la ira, la que prima en estos tiempos.

Hasta hace unos meses nuestros miedos eran los miedos comunes. Nombraré solamente a algunos:

  • Salud: miedo a la vejez, a una operación, a perder el estado de salud y la autonomía o la dignidad.
  • Catástrofes ambientales: miedo a perder la vida, al padecimiento físico y moral de nuestros seres queridos, a perder el estado de salud, a las pérdidas materiales, a no poder recuperarme.
  • Situaciones desconocidas: ruidos nocturnos desconocidos, miedo a no tener la capacidad para utilizar las nuevas tecnologías, quedar en ridículo o desfasada, a mudarnos a un lugar nuevo.
  •  Relaciones sociales: miedo a no estar a la altura de lo que suponemos que esperan de nosotros, a ser inadecuado, torpe, poco hábil, al rechazo o a la crítica.

¿Quién de nosotros recuerda esos miedos habituales?

Esos eran miedos inherentes a la vida “normal”, a crisis vitales propias de distintas edades y situaciones que inevitablemente enfrentamos o enfrentaremos en el decurso de nuestra vida.

Pero los hechos han cambiado dramáticamente todos los miedos humanos, hoy parecen estar relacionados a un hecho único: el Covid-19

El 2020 será un año especialmente recordado por todos.
El miedo al Covid involucra a todos los miedos, especialmente los vinculados a la pérdida de la salud y la vida, las catástrofes, la ruina económica y también las relaciones sociales se han visto sumamente afectadas. Vamos a profundizar en la emoción del miedo y su función.

¿Para qué sirve tener miedo?

El miedo fue como ninguna otra emoción la que nos permitió sobrevivir como especie humana. Nos prepara para la acción (en el mejor de los casos), ya que se desencadenan a nivel químico una catarata de acciones neurofisiológicas que nos preparan para la huida o para hacer frente a un ataque real o imaginario.

El mecanismo que se activa es el mismo.

⦁ El nivel de glucosa aumenta.
⦁ Los latidos se aceleran.
⦁ Los músculos se tensan.

⦁ Las pupilas se dilatan.
⦁ Toda la atención se concentra en el peligro.
⦁ La vida está en juego, hay que hacer uso de todos los recursos.

Esto es, básicamente y en simples palabras, lo que sucede ante una situación real o imaginaria que percibimos como amenazante. Puede ser una reacción a un asalto, a un súbito corte de luz en la calle o caminando por un lugar desconocido, frente a un agresor.
Todo el organismo se activa en extremo para hacer frente a ese peligro, pasado éste, recuperamos el aliento, los latidos se normalizan, los músculos se relajan y de acuerdo al resultado este suceso será una anécdota o un trauma, pero lo relevante es que el organismo NECESITA RECUPERAR EL EQUILIBRIO, no se puede vivir activado. 

Nuestros ancestros también enfrentaron grandes peligros y no había opción de eludirlos, ya que su subsistencia dependía de ello. Los cazadores tenían que enfrentarse con el miedo al ataque brutal del animal salvaje, llevar al límite sus recursos físicos, entonces esta exacerbación de acciones defensivas se centraba a ese enorme esfuerzo que suponía buscar, esperar, correr y finalmente atacar, para después trasladar al animal y una vez obtenida la recompensa del alimento y el abrigo para la familia se extinguía la tensión.

Especulamos que también habría una celebración y un relato de los hechos, con lo cual no solo se extinguía la emoción generada por el peligro, sino que mutaba en alegría y se disolvían el miedo y la ira. Una secuencia así sería lo óptimo.

Hoy extinguir el miedo ante una situación real o imaginaria no es tan simple, porque aunque por un momento quieras olvidarte, todo el tiempo te lo recuerdan en todas partes.

Aunque no enciendas la tele, en la calle y los medios de transporte hay publicidades repetitivas.

No todos los miedos se resuelven en una situación de ataque – huida.

El miedo también genera otra conducta que es el del espectador silencioso.
Y eso es más complejo de abordar, porque se trata de un miedo más profundo y de una autopercepción de indefensión frente a la amenaza o al agresor.

Es casi una cuestión infantil, por así decirlo, es una sensación de angustia persistente frente a la imposibilidad de enfrentar la situación o al agresor que produce miedo.
¿Cuánto tiempo de nuestro día está supeditado al miedo a enfermar, a morir, a que nuestros padres, hijos y compañeros mueran, a que nos vacunen, a la muerte civil, a la completa incertidumbre o, lo que es peor, a la enorme dificultad de poder vislumbrar un futuro?

Los pensamientos a veces son intrusivos, tomándonos por sorpresa y cavilamos gran parte del tiempo, pero es lo que se buscaba.

El miedo fue inoculado durante meses y meses de desinformación, de cuarentena, de permisos para salir o entrar, cifras de infectados y muertos y todo lo que hoy se define como la “historia oficial”.

Pero hay otras cuestiones que tienen que ver con la creencia; yo no creería que hay una “Pandemia” si no fuese por la cantidad de gente que usa barbijos y demás máscaras de algún material para cubrirse la cara.

Esta sola visión detona en mí un fuerte rechazo, un apartarme por miedo a ser contaminado.

El miedo puede ser contagioso 

Veo a una persona con barbijo y me invade la amenaza de una enfermedad, veo muchas personas con barbijos y es una diaria catástrofe, incluso en espacios abiertos, haciendo deporte, gente saludable, chicos saludables.

Es contradictorio, pero los pensamientos de la persona miedosa encuentran en el hecho de ver a otros con barbijos la confirmación de que allá afuera hay un virus asesino.

La tasa general de letalidad por infección de covid-19 en la población general es de 0,1% a 0,5% en la mayoría de los países (2). Y por mucho que lo lea y por mucho que me lo repitan, un noticiero me advierte que hoy hay miles de casos, que estamos en el pico o que llegaremos al pico, que tal o cual Provincia volvió a Fase 1 y, así, los miedos van ganando espacio.

ES MÁS PROBLEMÁTICO CUANDO LOS PENSAMIENTOS EN TORNO A UNA REAL O SUPUESTA AMENAZA PASAN A PRIMER PLANO y cualquier información que me llega de que mi vecino estornudó o que hisoparon al portero se convierte en otra evidencia de que mis miedos están fundamentados.

Las personas miedosas no son cobardes, no son tontas

De hecho el miedo es necesario para evitar el peligro y tomar recaudos, pero cuando el miedo se convierte en una cavilación permanente puede sobrevenir una depresión, una fobia, trastornos de ansiedad y hasta la muerte.

Se puede morir de miedo o enfermar seriamente

Por eso hay que trascenderlo con todos los recursos.

  • Las personas miedosas en general son solitarias y tímidas.
  • Aceptan la información de personas calificadas como periodistas o médicos sin oponer resistencia.
  • Cuestionar la versión oficial les produce una enorme angustia y una sensación de haber sido engañados.
  • Es necesario transmutar esta emoción y reducirla a dosis justas porque es muy limitante vivir con miedo.
  • La vida se reduce a una serie de rituales y a poca o ninguna interacción humana, los estados de angustia y de estrés desencadenan crisis de llanto y alteran el sueño.
  • La persona miedosa tiene un sueño no reparador y siempre se siente desvitalizada y cansada.
  • Tal vez se refugie en un contexto conocido, en una religión que le dé algo de calma, pero rara vez consulta. En general es llevado por familiares.

Reconocer las propias emociones

Tal vez por cuestiones ideológicas, culturales o religiosas nos han enseñado a reprimir nuestras emociones.

La emoción, al igual que la salud mental siempre fueron soslayados. Tener emociones siempre fue un signo de debilidad femenina, de inestabilidad y locura.

“Llora como mujer lo que no has sabido ganar como hombre”, es uno de los dichos más crueles que he escuchado y que pueden herir profundamente a un niño, haciéndolo un hombre miedoso, agresivo o sumamente introvertido.

Es muy necesario sobre todo en estos tiempos en que la atención se dispersa con tanta infodemia que le demos un espacio a percibir nuestro mundo interno.

¿Qué es lo que tememos tanto?

A veces lo que tememos tanto es el juicio crítico que hacemos de una emoción que no nos permitimos sentir.

El llanto inconsolable de mi bebé me puede generar ira, esta ira se riñe con mi amor hacia él, pero es una emoción que me invade después de escucharlo llorar durante horas.
Si no soy capaz de reconocer que es el llanto y no el bebé el que me produce ira, tal vez me sienta muy culpable o enojada o triste y no sepa cómo encontrar la calma necesaria para resolver la situación.

Tal vez tome una decisión equivocada y dé un portazo. Tal vez sienta ganas de agredirlo para que se calle porque, en mi agotamiento, tengo una distorsión cognitiva de que el bebé llora a propósito para reclamar mi atención.

No saber gestionar una emoción puede ser peligroso

Las emociones no son ni buenas ni malas, a veces es necesario tomar una distancia racional y ver qué hacer con ella.

No puedo más y pido ayuda, encuentro en una canción la calma, doy un paseo nocturno, tomo un baño de inmersión con él y acepto haber sentido ira, simplemente porque estoy cansada y necesito dormir.

LA IRA ES UNA EMOCIÓN SOCIAL, EL MIEDO ES UNA EMOCIÓN SOLITARIA

⦁ El miedo se alimenta a veces de haber entregado el valor de la confianza a quien no debía.
⦁ De no animarme a cuestionar una información.
⦁ De sentirme estafada al saber que me mintieron.
⦁ De que me señalen por pensar distinto.

⦁ De tener que bancarme la crítica y ser ridiculizada.
⦁ De sentir soledad y rechazo.
⦁ De no poder sostener mis argumentos porque no sé lo suficiente o eso es lo que valoro.
⦁ De recibir una condena social o moral y ser señalado.

Te invito respetuosamente a que desafíes tus miedos, a que cuestiones la valoración que tengas sobre tu persona, a que enriquezcas tus conocimientos y tu vida con personas que piensan diferente y que pueden ayudarte a superar las limitaciones.

Las personas miedosas pueden caer también en situaciones en las que son coaccionados o padecer graves enfermedades psiquiátricas que llevan años de tratamiento.

Cuanto antes te animes a reconocer tus miedos, identificarlos y tomar acción, menor será el sufrimiento y mayor será el provecho que tomarás de tus emociones.

1 EQ ¿ Qué es Inteligencia Emocional – Doris Märtin y Karin Boeck Edaf Madrid
2 https://swprs.org/covid19-facts/
3 Fotos extraídas de twitter

Quizás también te interese