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Cómo te manipulan a través de los medios de comunicación

por M.C.G.
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Se puede caracterizar la manipulación mediática como el uso de un conjunto de eficientes técnicas por parte de los medios de comunicación con el fin de influir positiva o negativamente a la audiencia a que tome decisiones y realice acciones basada en una información que la asume como correcta y verdadera, aunque no lo sea, de acuerdo a la intención del emisor (o según la intención de quien esté detrás del emisor, por ejemplo, quienes pagan las pautas publicitarias y quieren imponer una idea o producto y pagan por ello). Esas técnicas se pudieron elaborar como resultado de: estudios sociológicos y psicológicos orientados a conducir el accionar humano en cierta dirección, la inmensa recopilación de datos (big data) que las grandes empresas han venido realizando sobre la población a lo largo de varios años y la publicidad.

Noam Chomsky, ya hace muchos años, dijo: “La manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica, porque destruye cerebros”. Y también recalcó, con respecto a los problemas más importantes y significativos que nos involucran e impactan en nuestra vida, que “La población general no sabe lo que está sucediendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe”.

Precisamente, preocupado por esta realidad, Chomsky logró sintetizar en 10 puntos centrales las estrategias más comunes para entender estas herramientas psicosociales con las que los medios masivos moldean la opinión pública. Veamos cuáles son esos 10 puntos:

1. Estrategia de la distracción

El elemento central del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. Esta estrategia es indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales” (cita de “Armas silenciosas para guerras secretas”).

2. Crear problemas, después ofrecer soluciones

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. Estrategia de la gradualidad

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. Estrategia de diferir

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejor mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como a niños

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué?  Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión

El uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos.

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

Que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto.

9. Reforzar la autoculpabilidad

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

Mi consejo a los lectores es que, si quiere conservar su libertad de pensamiento y de acción, apague el televisor y busque información provista por científicos, intelectuales, y profesionales en general, independientes y bien formados. Y si desea entretenerse, nada mejor que la buena literatura. Realmente leer, por ejemplo, 1984 de George Orwell o Mundo Feliz de Aldo Huxley lo van a informar mucho mejor que los patéticos programas de noticieros que se convirtieron hoy en “cuenta-muertos”, “cuenta-casos” y promotores de fármacos experimentales mal llamados “vacunas” (propaganda muy bien pagada por los gigantes farmacéuticos). Los diarios y noticieros ya no hacen periodismo de investigación sino que cumplen su fin de hacer mera propaganda pro-pandemia, infundir miedo y alejar a los ciudadanos de la posibilidad de que investigue sobre lo que verdaderamente está ocurriendo.

No renuncie a su libertad. Investigue por su propia cuenta.

 

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